Últimamente, se ha podido llegar a contemplar un reverdecimiento de esta antigua práctica u oficio de robar a dos carrillos. Un seguro servidor había llegado a preocuparse, notando que faltaba algo, pero sin llegar a discernir lo que pasaba. Ahora lo sé.
Mi madre llegó a conocer a un tipo que había pertenecido a la banda de Al Capone. El hombre tenía un perro y ambos solían pasear a la caída de la tarde. El animal acababa rendido y se sentaba, aguardando el regreso de su amo. Yo no sé si los actuales mafiosos pasean y tampoco sé si tienen perro, pero lo que alcanzo a saber es que se les va una pasta en putas, macarras, chaletes, droga, paradores y todo lo que hace la vida singular y entretenida.
No vamos a defender aquí a Al Capone, que murió pero no sin antes haberse confesado, lo que le honra y su familia hubo de cambiarse el apellido y hasta la fecha. Los de ahora ni se cambian el apellido, ni se confiesan ni comulgan. Y en aquello de morirse, no digo yo que no se mueran, pero lo hacen a cuentagotas. Carecen de clase, de discernimiento, ellos y ellas. Van, como se dice ahora, con la chorra fuera y a calzón quitado.
El actual Capone de nuestra sufrida España no tiene clase ni nada que se le parezca, aunque roba, él y sus cuates, lo que no está escrito. Ahora dicen que está enfermo y que tendría las horas contadas, pero no se debe descartar que finja, para dar pena y que le perdonemos lo que ha trincado, él su coima y sus mariachis, como si no hubiera un mañana.
Seguiremos informando. Si me pasara algo, me celebráis unas misas -Gregorianas- y vais publicando lo que guardo en el cajón, novela, teatro y quisicosas. Qué lucha ésta, Dios bendito.
28/2/2026
Deja una respuesta