Los majaderos (y majaderas), que tanto y tan jubilosamente acuden en nuestro auxilio, han puesto su lupa en el lenguaje, trasformándolo de manera asaz entretenida. Se ha llegado a decir que cuando se modifica arbitrariamente el lenguaje se nos está preparando un totalitarismo. Vete a averiguar si es cierto. Unos ejemplos.
-Polarización. Tiene que ver con cosa eléctrica, ¿a que sí? Pues ya no. Ahora significa extremismo o algo parecido. Se emplea en tertulias televisivas, casi siempre por charos o marujas. (Por cierto: prohibidísimo decir charos o marujas.)
-Imbécil, como parece masculino, ahí lo dejamos. Aunque yo sugeriría lo de ‘imbéciles’ e ‘imbécilas, que hay un carro bien cargado ahí en la puerta.
-Pez. Decir ‘pez’ y ‘peza’, dependiendo. Lo de ‘pezón’ yo lo reservaría a los cetáceos. Y cetáceas.
Sexo. Queda fatal, parece de Sodoma y Gomorra, yo me entiendo. Habría que decir ‘inclinación’, como la torre de Pisa.
-Diputados y diputadas. Chirría un poco lo segundo. Rima feo.
-Juez. Hay que incluir lo de ‘jueza’. Esta segunda, o sea ‘jueza’, suele vestir en juzgados, y otros ámbitos, ropa cara y perfumada. Pero por alguna razón le sienta como un tiro y le hace parecer entre malcolfa y mandilona. (Si quieres saber qué es ‘malcolfa’ y ‘mandilona’, vas, te levantas y lo buscas.)
-Taxista. Agregar ‘taxisto’, cuyo gremio masculino y machista ha monopolizado hasta el presente el manejo del vehículo. Tenemos una deuda impagable con las ‘taxistas’.
(Otro día sigo, me estoy volviendo tarumba. Mucho me temo que este año tampoco voy a entrar en la Academia. Y cómo voy a entrar en la Academia si no soy socialista ni nada parecido. ¿Y turiferario? ¿Me gustaría ser turiferario? Ni siquiera sé lo que es. Espera un momento que lo miro. Lo he mirado. Me parece que no se puede vivir de ser turiferario. Las puertas se van cerrando una tras otra. No voy a llegar a nada, mundo cruel…)
-Ah, se me olvidaba. Esta de aquí me parece que va a ser la más jugosa. La podemos llamar como la novela de Agatha Christie: Se anuncia un asesinato. Ya lo creo que se anuncia, a bombo y platillo. El mundo entero hemos sido testigos. Una niña, que ha sufrido la intemerata prácticamente desde la cuna y nadie ha sabido protegerla, se ve condenada a la pena capital. Los días, las jornadas, las horas, minutos y segundos, desfilan con angustia. Al final la pena se cumple. Todo con la máxima asepsia, como en un quirófano (había un quirófano). El camarada Adolfo Hitler y sus palmeros exultarían de placer.
28/3/2026
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