FRAGMENTO ELIMINADO DE LA IMPAR Y SINGULAR NOVELA ‘TABOADA, SEDUCTOR’

La paleta de un pintor. Colores cálidos y fríos, combinándose entre sí, superponiéndose, tomando uno la jefatura, para cederla de inmediato y, acto seguido, repetir el gesto. Nos fijaremos en la paleta nacarada. ¿Me había fijado yo en los pómulos como ala de tórtola de una chicuela enamorada, allá cuando la pasión comienza a enardecerla? ¿Y en ese preciso segundo en que la gama gris de la acusada timidez da rotundamente paso a un color que es de rubor, primero suave, a continuación más intenso, para acabar con una rubicunda llamarada, émula del volcán en erupción, cuando arroja su lava hacia lo alto, con profundo desdén al qué dirán, en completa indiferencia a lo que sepulta la lava y la ceniza, que son hogares, trochas, hasta los mismos vericuetos que minutos antes recorría el niño, el labrador, el paseante, sepultando hogares, famas hasta ahora intachables…? Tantas veces el seguro servidor que uno es se mareaba, habiendo de inclinarse ante un alcorque, rindiéndole pleitesía. Mi amigo Arnulfo no expresara con sus labios la cuestión, pero la sombra, y no sólo la sombra, de la señora Bárbara aleteaba como el pichón que quiere abandonar el nido, lanzándose en su torpe planeo hacia mundos infinitos que se superponían como el hojaldre unos a otros, desdeñosa -la señora Bárbara- de las llamadas nerviosas que proferían según qué labios. ¿Y sus hijas, Macaria, la primera hermana, Aldonza, la segunda, que han asomado su redonda cara, como un torpe cosido, en estos renglones? Aquí, por ahora y con dolor, dejo estas impuras reflexiones…

29/11/2025

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