Spollsglas. Ha fallecido el hombre que respondía a ese apelativo. ¿Y quién es Spollsglas, se dirá? Un hombre con estatura de gigante, y no nos referimos a su corpulencia física, pues era casi enano, sino a su empaque que desafiaba toda realidad y circunstancia, en el campo físico y moral, en lo onírico, lo inaprensible, de lo que se ve y aprecia a simple vista y de lo que está oculto y que es necesario estar dotado para verlo.
Ciento doce años bien llevados. ¿Bien llevados? ¡Quia! Su vida fue una sucesión de desaires y empujes al abismo, a la nada, a lo desesperado. La envidia era el pan cotidiano de sus adversarios, del que paradójicamente se nutría para ofrecernos gemas sin mácula que los ignaros pisoteaban con una sañaque causa pavor simplemente recordándola. ¡Cuánto lloró su vieja tía, incapaz, por sus años, de resguardarle ante los improperios que, como hiel, caían en su rostro, en sus guedejas y partes aledañas, desde su formidable testa de poeta hasta sus plantas, horadadas por pías y sutiles caminatas de las que nunca se cansaba, los otros sí!
Toda su obra fue pasto de las llamas y todavía se quiere dilucidar si el incendio fue provocado o fortuito. Poco le importaba al genio que, con minucia de orfebre y coraje de granadero, fue reconstruyendo lo salido de su numen, llegando hasta el folio dos, momento en que, como hemos dicho, le sorprendió el ocaso.
Spollsglas murió, pero está vivo. El Ateneo ciudadano, que le cerró siempre sus puertas, alguna de ellas en sus mismísimas narices, se ha dado cuenta de sus yerros y se propone enmendarlos. El cómo y cuándo habrá de verse y estudiarse. Se acaba de crear un comité donde, con el puntero de la palabra escrita y el rigor de la ceniza cuaresmal, se irá disponiendo de cada rincón, de cada gesto, de cada sobrada iniciativa que enriquecerá, ya para siempre y con severidad no exenta de premioso jugueteo…
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(NOTA. No habrá nada de lo antedicho. Todo se ha ido al carajo, se nos permita la expresión llena de ira. Algunos le han echado la culpa al Ateneo, esa dignísima panoplia de sabrosos intereses, ellos y ellas. Otros, al tiempo, que no termina de asentarse, y existe un tercer grupo que a fecha de hoy se mantiene indeciso, como la parte de ángeles que dudaron ante la prueba divina. Así son las cosas, qué más quieres, Spollsglas. Te debemos una, mil.)
18/7/2026
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