PENA DE MUERTE

La Constitución española se aprobó, si no recuerdo mal, el 29 de diciembre de 1978. Entre los diversos artículos y disposiciones se incluía la abolición de la pena de muerte, salvo lo que pudieran disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra. La pena de muerte sería abolida totalmente en el ámbito militar en 1995.

Desgraciadamente, existió en nuestro terruño, como la aldea de Astérix, una excepción bien dolorosa, que se llevó por delante a un montón de españoles. ¿Y qué excepción fue esta? La que corrió a cargo de los animosos muchachos y muchachas de la Eta, que aplicaban la pena de muerte como si no hubiera un mañana, principalmente con el recurso de las famosas bombas lapa, que se llevaron por delante a muchísimos compatriotas, incluidos niños y no pocos. 

Pero eso ya pasó, ¿verdad? Los que aplicaban la pena de muerte -la eta- han dejado de dispensarla, han pedido perdón -bueno, no, hasta ahí podíamos llegar- y a otra cosa mariposa. Esa ínclita roña nos acompañará ya para siempre, y todavía existen personajes, y personajas, que en los platós televisivos intentan lavarle la cara a esta gentuza etarra, insinuando que la Eta era buena y luchaba por la democracia, mientras que los tricornios, policías, y gente de orden eran los malos. ¿Cabe, mayor abyección? Pues acaba de surgir un nuevo frente.

Hace pocos días, en plena Semana Santa, una niña que ha sufrido lo que no está escrito, ha sido mandada al otro barrio, con el concurso de juristas, médicos, profesionales y demás ralea, sin que acertáramos a impedirlo. Esta gente de quirófano y leguleyos eran gente educada, limpia, conciliadora, que no han tenido empacho en aplicar esta nueva modalidad de pena de muerte y parecen decididos a extenderla.

La pena de muerte, por desgracia, con el pretexto que sea, o sin pretexto, como iremos viendo, parece que ha venido para quedarse, como pasó con el aborto, que al principio iba a ser excepcional y ahora es barra libre, incluso si el bebé asoma.

Hay un hálito de esperanza. Personas muy valientes, hombres, mujeres, incluido un poderosísimo Presidente de gobierno, allende el mar, están luchando para que esta nueva modalidad de pena de muerte no se aplique. A corto plazo, los partidarios de la podredumbre, la infamia y el asesinato ganarán. A largo, es de esperar que no tanto. Esta generación será juzgada con la máxima dureza, no sé si en Nuremberg o dónde, pero no les va a ir fino.

4/4/2026

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