TODOS A LA CÁRCEL

  1. No pocas personas tienen miedo de ir a la cárcel. Pero el problema no es ir a la cárcel. El problema es quedarse.
  2. Y tampoco. Te puedes quedar en la cárcel por un período más o menos dilatado. Sólo tienes que mantener la calma, tener empaque, no alterarte por nada que pueda suceder en tu inmediato entorno. ¿Y el delicado momento en que te aseas en las duchas, me preguntarás? Este momento es de prueba, pero sería igualmente ridículo que te preocupara. 
  3. Si estás en la cárcel es que previamente has mostrado iniciativa. No entro en si la iniciativa ha sido punible o inspirada por la filantropía. Es lo de menos. Pero el curso de tu inspirada circunstancia ha debido, inexcusablemente, proporcionarte una marca, una señal, algo que que te diferencie de tus semejantes. Veo que me sigues. 
  4. La mirada, cuál otra podría ser. Mirada acerada, inmisericorde. El que me la hace me la paga. Eres hombre arrecho, de lo contrario no estarías en el talego. Cuando te rodee, en las duchas, el cinturón de asteroides, esto es los amigos del macarra, no tienes que hacer nada: frunce el ceño con aire de aburrido como que estás pensando en otra cosa: tu familia que te ha defendido hasta la muerte, los amigos, que alguno te habrá quedado, etc.
  5. Vale, sí, lo admito: has sucumbido. El propio Al Capone no lo habría hecho mejor. Míralo por el lado bueno: tienes una nueva experiencia que contar cuando seas viejo. ‘Yo, en la trena’ éste pudiera ser el título de un libro hipotético. Reúne rigor y desenfado. Se vendería como churros. Aunque al final -es inevitable- encontrarás tu cantata en el mercadillo del domingo. (¿Por qué los libros del mercadillo tienen que estar untados de grasa? céntrate, no te desvíes, es otra historia.) 
  6. Pasará el tiempo. Has llegado a conocer el trullo como la palma de tu mano y te has convertido en el dispensador de los boletos para el cine del domingo. Puedes vetar la asistencia al que te caiga mal. A veces lo haces, pero sin malicia, solamente por mantener las formas. 
  7. ¿Ves cómo el tiempo todo lo cura? Tus doce añazos están a punto de expirar. Aún recuerdas el mazazo del juez diciendo aquello tan  tremebundo y pintoresco de ‘Visto para sentencia’. ¿Se te ha hundido el mundo? ¿A que no? No me des las gracias.

20/6/2026

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